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ORIGEN DE LOS WAYUU

 Guillermo Ojeda Jayariyu

 
En nuestras culturas indígenas, los mitos permanecen a través del tiempo y se transmiten de una generación a otra por medio de la expresión oral, en la que cada cultura le imprime su particular manera de narrar y relatar su propia concepción del universo. 
 
La cultura Wayuu presenta a través de su tradición oral un conjunto de mitos, leyendas y cuentos que componen su pensamiento mítico ancestral. En un principio, los Wayuu consideraron el mundo y el mismo ser como una pregunta que hubo que responder para dar explicación acerca de sus propios orígenes.
 
 
A partir de entonces sus inquietudes primarias, frente a los grandes fenómenos de la naturaleza, fueron originando los mitos que dieron respuestas al origen del universo, las cosas y el propio ser. Muchas de estas narraciones permanecen en textos, que fueron escritos por miembros analíticos de la misma etnia e importantes investigadores alijunas.
 
Acerca de los orígenes de los Wayuu, diversas versiones afirma la propia mitología. Una de las interpretaciones que más se trae en la descripción oral de los ancianos, sostiene que fueron creados a partir de las relaciones de Mma, la Madre Tierra, con Juya, "Gran Espíritu Creador", conocido como el Señor de las lluvias, "el que llueve". Los Wayuu describen con frecuencia, que en este proceso de los orígenes, Juya fue seducido inicialmente por Mma y éste la fecundizó y la hizo su esposa para siempre.
 
Afirman que a partir de esta conjunción de vida surgieron diversas generaciones de seres, que posteriormente dieron origen al ser Wayuu. Todo ello fue posible, gracias a la participación de diversos fenómenos naturales, quienes se hallan representados por entes masculinos y femeninos, entre los cuales se destacan seres fundamentales como Jimatüüi: la calma, Piyuushi: la oscuridad, Joutai: el viento, Palaa: la mar, Kashi: el luna, Ka'i: el sol, Weinshi: el tiempo, entre otros.
 
En un principio estas entidades sobrenaturales, y conjuntamente de acuerdos, depuraron la creación de una generación de seres con vidas propias, tales como las plantas (Mojuui), los árboles (Wunuui), y los animales (Mürülü). Más tarde se produjo una transformación de estos primeros seres en otros, dando origen a las primeras generaciones de individuos Wayuu, quienes hasta hoy conservan la sangre como elemento esencial para sostener la vida.
 
Desde el punto de vista mitológico, el dios Juya guarda una estrecha relación con el entorno natural de los Wayuu, y en su carácter de dios supremo está directamente asociado a la fecundación de la tierra y a la emanación de la vida en sus entrañas. Es un ente que constituye una equivalencia del nacer y renacer de la vida en la maternidad de la tierra, del cual se desprende una percepción, en la que los Wayuu reconocen un profundo respeto por el agua, ya que ésta constituye un elemento sagrado que sostiene y conecta toda la vida.
 
En calidad de dios supremo Juya figura en los relatos mitológicos como el promotor de la fecundidad y el creador de toda forma de vida sobre la tierra, por consiguiente, se le considera el padre creador de todos los seres vivientes. Dentro de esta perspectiva, los Wayuu consideran que la relación que tienen con la tierra, el territorio ancestral y las fuentes de agua dulce y agua salada, constituye la base física, cultural y espiritual de su existencia. Esta relación con la Madre Tierra los obliga a conservar y estimar el agua como el fundamento principal para la supervivencia y la conservación de la vida, en toda su comprensión social. Es, en este sentido, que el dios Juya personifica la bondad que germina y reproduce las diversas formas de existencias, las cuales hacen parte de todo el entorno natural. Su presencia en forma de lluvia propicia la abundancia de las diversas cosechas, con las cuales se establecen las relaciones mas estrechas entre los Wayuu y su propio entorno ambiental.
 
En sentido figurado, el dios Juya se concibe a través de la figura de un espíritu cazador, a quien se le atribuyen grandes poderes sobrenaturales, cuyos efectos se consideran vitales, pero que al mismo tiempo son letales para los mismos Wayuu. Es decir, que las aguas lluvias son fuentes de vida para la existencia sobre la tierra, pero igual se teme al poder fulminante de los rayos, los cuales se consideran flechas mortales del dios Juya. En este sentido, a menudo se representa en las narraciones orales a partir de una permanente dualidad entre la vida y la muerte, puesto que encarna el poder repentino y los relampagazos fatales del rayo.
 
En cuanto a su personificación, lo consideran un anciano con poderes especiales por sus grandes habilidades en el uso del Uraichi, arco de gran resistencia y flexibilidad, el cual es tallado en madera fina y con gran capacidad para lanzar potentes flechas o Jatü. Como experto lanzador es considerado un excelente cazador, en que el uso diestro del arco y la flecha le garantiza un gran éxito en las actividades de cacería. 
 
Entre los atuendos principales que le atribuyen a Juya, está el uso del Si'iraa, faja tradicional masculina y ataviarse con el Kotsü, especie de turbante elaborado en cuero de jaguar (Kalaira), el cual fue obtenido en la cacería y cuyo diseño, en forma de faja que cubre el rededor de la cabeza, conserva la cola del propio animal. El uso de esta prenda confiere, dentro del concepto Wayuu, un prestigio social de gran importancia para los individuos, puesto que la sola pertenencia supone un alto rango dentro de la vida social, con el cual se sustentan grandes virtudes en las actividades de cacería. De igual forma, se considera que el individuo asimila de alguna manera los atributos propios del animal cazado, lo que a su vez, hace que sea digno merecedor no sólo de un respeto en la comunidad, sino de un prestigio social, conceptuado en grandes reuniones sociales.
 
En otro orden de ideas, el dios Juya, que también viene a ser el dios de la abundancia de diversos alimentos que proporcionan la flora y la fauna silvestre, y en agradecimiento se evoca a través de las danzas tradicionales de Yonna y el Kaaulayawaa, las cuales son presididas por los sonidos expansivos de la Kaasha (tambora wayuu), cuya resonancia, similar al retumbar de los truenos, se le atribuyen efectos mágicos para atraer o aligerar la presencia de lluvias sobre la tierra. 
 
Los Wayuu comprenden en su dinámica cotidiana, que fueron concebidos en el seno de la Madre Tierra, donde cada ser se traduce dentro de un territorio sagrado, en el que se estima la vida como máxima creación. En el plano de lo simbólico condensan su cosmovisión a través de una figura de espiral, en la cual se representa la unidad integral del pasado, el presente y el futuro. Este pensamiento comporta una visión integral y unitaria del universo, en que es contemplado como una unidad perpetua, donde el espacio y el tiempo se hallan estrechamente unidos. En este sentido, los Wayuu consideran que el pasado ha originado el presente, y por lo tanto, también es presente, del mismo modo en que el presente va configurando el futuro, y de hecho también se constituye en futuro.
 
Afirma el poeta Wayuu José Ángel Fernández que, "entendiendo por cosmovisión al conocimiento que el hombre tiene sobre si mismo, de su entorno y su relación con los elementos de la naturaleza, incluyendo los fenómenos telúricos, astronómicos y suprasensoriales, para el Wayuu existe un tiempo-espacio relativo y continuo, por lo tanto el pasado, el presente y el futuro están fusionados y relacionados armónicamente. Existe una idea sobre el espacio sagrado que genéricamente puede ser expresado con el término pulowui, que en el plano de la religiosidad Wayuu es concebido paradójicamente en el aquí terrenal como el mas allá o Jepira (paraíso de los Wayuu muertos). Por esa concepción espiral e integrada de lo espacial y lo temporal, el Wayuu se nutre de una cultura altamente simbólica y surrealista, lo que explica el uso cotidiano de mucho simbolismo en el plano real y onírico. Vivimos soñando y ritualizando, lo que nos permite expresar conductas y actitudes que nutren día a día el mundo mágico religioso Wayuu". A partir de esta síntesis, representada en la figura de espiral, los Wayuu dan explicación de sus orígenes y los diversos fenómenos que configuraran sus dioses especiales y cósmicos que rigen todo su universo mitológico, y como tales, se hallan presentes en muchos cuentos y relatos que provienen, fundamentalmente, de su tradición oral. Dentro de esta inmensa riqueza mitológica señalamos el siguiente fragmento, de una narración registrada por Margarita Pimienta Prieto, licenciada Wayuu:
 
La raíz de nuestros ancestros está constituida por seres autónomos, en esencia genios, sabios revitalizadores como Mma "la tierra", Juya "la lluvia", Kashi "la luna", Piushi "la oscuridad", Samatui "el frio", Joojotshi "la niebla", jorottüi "la luz", Wattachon "la mañana", Aaipa'a "la noche, Maalia "el amanecer" etc. Deidades primigenias, seres vivientes de forma humana, habitantes de la tierra que conformaron la primera generación. Estos seres que habitan la tierra se dieron cuenta que ellos solos no podían ser felices, que necesitarían la compañía de otros, entonces Juya fecunda a Mma y nacen las Wun'u "las plantas", seres dependientes de los primeros que conformarían la segunda generación. Las plantas eran seres que tenían apariencia humana, poseían cualidades y desempeñaban oficios diversos. Kute'ena, árbol conocido como "indio desnudo", era un Wayuu de piel hermosa. La corteza de este árbol se utiliza hoy día para bañar a los niños y a las Majayuulu durante el encierro para que tenga una piel suave y rozagante. El árbol Aitpia, "cuji o trupillo" era el Wayuu encargado de curar las fracturas y hoy día la corteza de este árbol sirve para entablillar. Aparecieron otras plantas con diferentes aplicaciones, entre ellas, Wayawaichi, cuya corteza cura la diarrea de sangre, Ishispana es un laxante, Jawapi Kashupu'u para disminuir la fiebre, Jawapi Kashuria, para apresurar el parto, Jawapi Kewirasü, para alejar los malos espíritus. Aun así, Juya se dio cuenta que no todo estaba hecho y dijo: -Hace falta algo más. Entonces apareció la tercera generación formada por los Uchii, animales en sus diferentes especies, dependientes también de la primera generación. Primero surgieron los de agua y luego, los de tierra. Juya, preocupado, le preguntó a Mma: -Tú dirás, tú eres el padre – respondió Mma.
-¡Aah! Entonces yo les pondré el nombre que los distinguirá por siempre.
 
Juya hizo brotar un rayo grandísimo que rajó la tierra. Las rocas se partieron y en uno de los pedazos quedaron grabados los símbolos de todos los clanes repartidos entre los miembros de la tercera generación, los animales, que en aquel entonces tenían la apariencia humana.
 
A partir de nuevas relaciones y contactos con los misioneros capuchinos, muy preocupados por afectarles sus pautas culturales en la Península, surge otra versión unificadora de la génesis de los Wayuu, en la cual se sostiene que fueron creados en forma colectiva por un dios soberano, conocido con el nombre de Maleiwa, cuya figura en los relatos mitológicos se registra como un héroe cultural, a quien se le atribuye toda la creación del universo Wayuu. Se afirma que, después de haber creado a los Wayuu, ordenó conformarlos en clanes y diferenciarlos con un nombre y un símbolo clanil, a través del cual se pueden identificar ante los demás miembros, con quienes están destinados a convivir en un territorio tradicional. El siguiente fragmento de un relato contado por Simón Epieyuu, el 23 de septiembre de 1969, en Aulejemerai, guajira venezolana y registrado por Michael Perrin, describe en detalle el papel que le otorgan los Wayuu a éste héroe cultural:
 
Los primeros guajiros, y sus clanes surgieron todos de Wotkasainrü, una tierra en la Alta Guajira. Fue Maleiwa quien los fabricó. Eso es lo que dicen los ancianos.
 
Maleiwa hizo también a los hierros, para marcar cada clan y distinguirlo:
Uno para los Uliana, otro para los Jayaliyuu, otro para los Uraliyuu. Hizo uno para los Iipuana, otro para los Juusayuu, otro para los Epieyuu, otro para los Sapuana, otro para los Jinnu…
 
Luego Maleiwa repartió el ganado.
- Esto serán vuestros animales, dijo a los guajiros.
 
Puso entre sus manos cuchillos. Distribuyó machetes.
- Las armas serán para matar gente, esto para cortar y preparar el alimento de ustedes. Les dio también una pala.
- Con esto trabajaran para su mujer, para su madre y para su suegra.
Ustedes se ocuparan de los vivos desde su más tierna infancia. Su madre les criará.
Acuérdense bien de lo que vengo a decir, dijo Maleiwa.
 
Entonces Maleiwa repartió a los guajiros, como ahora se distribuyen las ovejas al salir del corral: uno por aquí, otro por allá…
Condujo a cada uno a lo que iba ser su tierra, como se hace hoy con los pasajeros de un camión. Así es como puede decir hoy un guajiro donde nacieron los antepasados de su clan.
 
En sus orígenes, los pájaros también eran guajiros, pero se quedaron atrás entupidamente cuando el reparto entre los clanes.
Entonces Maleiwa les retorció las piernas, y se las puso hacia atrás.
Ahora están vinculados a nuestros clanes: el alcaraván pertenece al clan Sapuana, la perdiz al clan Wouliyuu, la avispa al clan Siijuana…
 
 
 
 
 
 Pintor e investigador cultural de la etnia Wayuu. Tomado del texto "Universo Wayuu". Maikou-Maicao 2006.
Ponencia Globalización vs. Diversidad cultural. V Jornada de reflexión cultural. Barranquilla. 2001.
Narración de Dorila Echeto Ipuana y Leandro Uliana. Citado por Margarita Pimienta Prieto en Colección Woummanpa No. 7. Riohacha: Universidad de La Guajira, mayo de 1998. Pgs. 15, 16, 17, 18.
Perrin, Michel. Sükuaipa Wayuu. Los guajiros, la palabra y el vivir. Caracas: Fundación La Salle de las Ciencias Naturales, 1979. Pgs. 190, 192.

 

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